La hisotoria de Martina. En confesionario de una adicta emocional.
Cincuenta años, divorciada desde hace diez. Española de nacimiento, montó su agencia de publicidad en Berlín, donde vive con sus tres hijos. Siempre ha tenido muchos problemas con los hombres, ya que todos acaban dejándola por lo mismo: «Me dicen que los asfixio». Sin ir más lejos, Ben, un alemán con el que llevaba saliendo menos de dos meses, había cortado con ella la semana anterior.
Se conocieron en un concierto clandestino de música alternativa una noche de luna llena muy bohemia y con mucha magia, según ella. Este tipo de frases que atribuyen el encuentro al destino es un planteamiento muy habitual de las adictas emocionales. Pero la descripción de Martina no acaba aquí…
En cuanto vio a Ben, «sentí un impacto en el corazón, de esos que sientes cuando Cupido lo atraviesa con sus flechas», me cuenta. Al mes, ya lo había invitado a su piso para que conociera a sus hijos. Ellos no se sorprendieron, pues estaban acostumbrados a ver desfilar a diferentes hombres por casa. Que tus hijos normalicen este desfile de hombres por tu vida no es sano, querida. Y luego te sorprenderá que acaben en relaciones disfuncionales…
Con el tiempo, Martina notó a Ben más frío. Como no respondía a sus mensajes al instante, empezó a stalkear sus redes sociales para ver si allí encontraba una explicación a su distanciamiento. Si te ves haciendo esto, es una clara señal de adicción. Temía que le fuera infiel. Vio que una chica daba muchos likes a sus publicaciones, así que se lo recriminó, pero era su prima favorita, que vivía en otro país. Martina se exculpó diciéndole que lo había hecho porque tenía un trauma a causa de las infidelidades de los hombres de su pasado.
Un día cenando en un restaurante, tras apenas dos meses de relación, Martina le dijo que lo quería mucho y que le encantaría que él, sus hijos y ella formasen una familia en un futuro. ¡PONLE
EL ANILLO (QUE SOMOS MUJERES MODERNAS), MARTINITA! SEGURO QUE TE DICE QUE SÍ, ¡ESTÁ CLARO
QUE SE MUERE DE GANAS! Ben se quedó ojiplático al oír su propuesta. Para terminar la noche, al salir del local, él le dijo que el domingo no podría quedar porque quería ir a ver a su familia.
Martina se enfadó y le echó en cara que le había prometido a sus hijos que irían juntos al zoo (en realidad, era ella la que lo había decidido). En ese momento Ben le soltó que se había acabado, que
ya no aguantaba más. La bloqueó en el teléfono y en todas sus redes sociales. Nunca más supo de él.
Martina y yo tuvimos nuestra primera sesión de terapia online. Estuvimos trabajando el perfil de la asfixiante para que pudiera identificar sus comportamientos tóxicos en la relación con Ben.
Aprendió a calmarse y a no tener conductas dañinas, como stalkear o espiar sus redes sociales por miedo a la infidelidad, o pedir comprobaciones constantes de amor al hombre que acaba de conocer.
Hoy se siente muy satisfecha, está soltera y disfruta de su familia y amigos. Nunca se había sentido tan bien. Además, se ha convertido en un modelo de madre para sus hijos respecto a sus relaciones
de pareja, puesto que les da a entender que no se necesita a un hombre para ser feliz.
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